Honduras está en llamas. ¿Por qué debería importarnos?

"Es fácil pasar por alto que el pequeño país de Honduras está experimentando su segundo golpe de Estado en ocho años"

Si vives en los Estados Unidos, nadie espera que sepas que a dos horas en avión desde Miami se está desarrollando una crisis constitucional. Entre el improvisado plan de impuestos de los republicanos, el acuerdo de culpabilidad de Michael Flynn y una retahíla de acusaciones de abuso sexual, es fácil pasar por alto que el pequeño país de Honduras está experimentando su segundo golpe de Estado en ocho años.

Han pasado casi tres largas y dolorosas semanas desde las elecciones presidenciales de Honduras el pasado 26 de noviembre, y sigue sin declararse a ningún ganador. Sin embargo, estamos presenciando en vivo y a todo color cómo una elección es robada directamente de las manos del pueblo hondureño. No es la primera vez que esto sucede en Honduras. De hecho, el gobierno de los Estados Unidos ayudó a legitimar el golpe de estado de junio de 2009 en parte al acompañar el proceso electoral que habría de ocurrir un par de meses después en noviembre y al darle su sello de aprobación. Desde entonces, ha habido una sucesión de presidentes de derecha que favorecen a los Estados Unidos, y que llegaron al poder valiéndose de medios dudosos. En la última elección en 2013, el presidente electo fue Juan Orlando Hernández, quien desde entonces ha consolidado su poder poco a poco, debilitando la autonomía de las instituciones democráticas, de por sí frágil, con el fin de preparar su victoria de hoy.

¿Por qué esta crisis amerita un poco de nuestra ya extenuada indignación?

Inmigración

De acuerdo con el Pew Research Center, “Durante el año fiscal de 2016, por segunda vez, se registraron en la frontera más aprehensiones a centroamericanos que a mexicanos”. Pero la disminución de inmigrantes mexicanos ha sido compensada por el rápido aumento de centroamericanos, sobre todo provenientes de Honduras. La situación se tornó desesperada, cuando, en el año fiscal 2014, “más de 68,000 niños menores de edad, sin la compañía de un adulto, fueron arrestados en la frontera suroeste”. Ese año se consideró como una crisis humanitaria y concluyó, como una culminación de los años posteriores al golpe, con un aumento exponencial de violencia e impunidad en Honduras, lo cual les granjeó el apodo de “capital mundial del asesinato”.

Los Estados Unidos han intentado controlar el flujo de inmigrantes presionando y financiando a México para que los detengan ahí, mucho antes de que se acerquen a la frontera con los Estados Unidos. Esto, a su vez, ha creado una nueva serie de inquietudes entorno a los derechos humanos. Y, a pesar de esto, siguen viniendo. Si bien es difícil obtener de México números precisos sobre la inmigración, todo parece indicar que hay un flujo interminable de migrantes. Este tipo de táctica que consiste en controlar la inmigración a través de otros países no soluciona el origen del problema: la corrupción, la impunidad y la pobreza que orillan a la gente a arriesgar su vida, sus cuerpos y su entereza durante una peligrosa travesía hacia el norte. Cuando los Estados Unidos apoyan a gobiernos con un historial demostrado de corrupción, malversación de fondos destinados a ayuda extranjera, represión de su propio pueblo y cooperación con pandillas de drogas, estamos apoyando el círculo de violencia que no da a las familias más opción que huir.

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