Cruzó la frontera buscando el sueño universitario

Porfirio avanza paso a paso en el Northern Virginia Community College

A los 13 años, Porfirio cruzó la frontera soñando en ir a una universidad en los Estados Unidos para forjar su futuro.

Cuando se graduó de la escuela secundaria, descubrió que no recibiría ninguna ayuda financiera para estudios superiores por no tener un número de seguro social, así que comenzó a trabajar en construcción para ahorrar dinero y pagar por su educación.

Con esfuerzo y largas horas trabajando de sol a sol, el mexicano de Michoacán logró conseguir un trabajo que le permitiera costear, poco a poco, la carrera de Administración de Construcción en el popular Northern Virginia Community College.

Lea la historia de este joven, parte de nuestro especial de educación superior.

El Ser ingeniero o arquitecto era el sueño de *Porfirio desde que era un adolescente. El joven mexicano, de 23 años, esperaba con ansias graduarse de la secundaria y continuar sus estudios en la universidad.

Esa fue la razón por la que a los 13 años se había arriesgado a cruzar la frontera con su hermano mayor, dejando a sus padres en su natal Michoacán. “Con dolor en sus corazones mis padres nos dejaron venir para que nosotros lográramos un mejor porvenir en Estados Unidos”, contó en exclusiva a El Tiempo Latino.

En 2012 parecía que el sacrificio de vivir sin sus padres y el esfuerzo de estudiar mucho en “high school” habían sido en vano.

A las puertas de graduarse se dio cuenta de que —por su condición migratoria— no podía acceder a becas, ni a ayuda financiera. “Sólo las clases de pre requisitos me costaban $20 mil, por lo que estudiar se me hacía inalcanzable”, expresó.

A la semana de graduado, mientras sus compañeros disfrutaban de las vacaciones y se preparaban para empezar la universidad, Porfirio empezó a trabajar en construcción. Tenía 17 años.

“Empecé como obrero. Mi meta era juntar dinero para estudiar, al menos entre $3 mil a $4 mil para empezar”, contó.

Pasaron meses y años y Porfirio no podía juntar tal cantidad.

A cada trabajo de construcción que iba proponía que le apoyaran con el fin de que estudiara algo conveniente para la empresa.

“Era inalcanzable. No tenía un trabajo fijo y me pagaban poco”, contó.

Al llegar a su actual empleo, la compañía metalera R&F Metal, encontró una puerta. “Hacía trabajo de sobretiempo que me permitía juntar más dinero para matricularme y los dueños me daban flexibilidad”, dijo.

Es así que cuatro años después de graduarse de una secundaria en Woodbridge, Porfirio empezó su carrera de Administración de Construcción.

Paso a paso avanza en el Northern Virginia Community College. “No puedo tomar muchos cursos porque pago casi tres veces más de la tarifa normal por no tener un número de seguro social”, dijo.

Toma entre un curso y dos por semestre, trabajando hasta 50 y 60 horas a la semana.

“Quisiera dedicar más tiempo para estudiar, pero tengo que trabajar para pagar cada clase”, expresó.

La tarifa regular de un curso de cinco créditos es de alrededor de $650 para los residentes y éstos pueden obtener ayuda financiera. Pero él paga más de $1,500 por curso sin tener acceder a préstamos ni asistencia financiera.

Pese a los retos, el joven está decidido a avanzar, aunque sea paso a paso. “Aunque es difícil, el dinero no debe ser un límite para estudiar”, manifestó.

Un programa que lo alienta a seguir estudiando es DREAM Project, que ofrece becas de mil dólares a jóvenes indocumentados o con DACA.

“Me gusta la construcción, espero lograr mi meta y seguir alcanzando otras más”, dijo.

El mexicano anhela hacer su transferencia a la universidad.

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