Juventud, compromiso y experiencia detrás de LULAC

Sindy Benavides dirige la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos

Una estratega clave

El país vio hace 10 años a un hombre afroamericano hacer historia. Barack Obama era elegido presidente y atrás de ese triunfo hubo un ejército de estrategas de campaña, Benavides fue uno de esos brazos ejecutores. El gobernador Kaine fue elegido director del Comité Nacional Demócrata, él quería el voto latino y su pupila era la indicada para conseguirlo. ¿Cómo no iba a contar con ella si desde el 2007 le tenía “prohibido” renunciar? La enfermedad golpeó la puerta de la casa de Benavides y ella decidió que lo primero era la recuperación de su hermano menor Nelson. El gobernador le ordenó: “toma tu computadora y vete a trabajar desde el hospital”. Así lo hizo por varios meses.

“Sindy es como la directora de una orquesta en casa y en su trabajo. Siempre destaca pero quiere que el resto brille. La conocí durante una campaña, era una jovencita lista, inteligente, visionaria, muy madura para su edad”, dijo Leni González, una líder latina de Virginia, refiriéndose a la chica que borró la palabra imposible en su diccionario.

Brent Wilkes, quien fue director ejecutivo de LULAC, hace cinco años consultó a González si sabía de alguien para dirigir un programa de movilización y acción cívica. Ella le respondió: “en media hora te traigo a la candidata perfecta”. Se trataba de Benavides.

Esposa y madre

Estar casada con Carlos Suber y ser madre de Víctor (3) y América (1) no ha sido un freno para seguir reclamando espacios y oportunidades para los latinos. Si no hay otra opción, el niño corretea por los pasillos de las oficinas de LULAC y la niña tiene un corral lleno de juguetes. También se suman a las marchas, porque desde ya deben saber que las personas son tan importantes como las acciones. “Por algo Dios me puso aquí y a esta hora, tenemos que trabajar por los que no tienen voz”, aseveró Benavides.

Como dice González, “en estos momentos que estamos tan golpeados, necesitamos jóvenes con la fortaleza de Sindy para que con su pensamiento disciplinado marquen un nuevo camino”. Para eso se sacrificaron su padre David, del perito contable hondureño, que vino a Estados Unidos a trabajar en fábricas y a limpiar autos; y su madre Norma, la enfermera que reemplazó el estetoscopio y el tensiómetro por trapeadores y toallas de limpieza. Ahora su hija Sindy y sus tres hermanos, contribuyen a construir un nuevo país.

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