EDITORIAL | Libertad de expresión al servicio de los regímenes autoritarios: la doble moral de Wikileaks

La Semana pasada el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, decidió poner fin al asilo que el gobierno de Rafael Correa le había otorgado al creador de Wikileaks. Y es que el asilo ofrecido por el presidente de Ecuador a Julian Assange en 2012 no fue para defender su libertad de expresión sino para atacar a Estados Unidos y coquetear con Rusia.

Sin libertad de expresión los países se mueren de hambre. La libertad de expresión es un derecho fundamental, pues solo depende de la voluntad de cada quien a menos que un gobierno o el consenso de la sociedad lo restrinja. Por eso la Primera Enmienda Constitucional en Estados Unidos que la garantiza, es una de las normas más poderosas para la defensa de la libertad en ese país. Otros derechos como el derecho a comer “sano” o a un “trabajo digno” por más que lo desee el individuo, depende de que el gobierno o autoridad de turno se lo provea.

El premio Nobel de Economía, Amartya Sen, sostiene que sin libertad de expresión, ninguno de los otros derechos son viables. En otras palabras, la libertad de expresión es el derecho fundamental para el bienestar de la sociedad. Sen sustenta su argumento en una investigación histórica en la cual concluye que solo han existido hambrunas en sistemas y gobiernos donde se ha coartado la libertad de expresión: los comunistas por ejemplo.

Pero ¿qué tiene esto que ver con el creador de Wikileaks en el Ecuador? La organización con ese nombre fue fundada por Julian Assange con la idea de proporcionar una plataforma para quienes viven bajo regímenes totalitarios. Curioso que el primer escándalo de Wikileaks no fue para publicar documentos secretos del gobierno de China, Irán o Rusia donde obviamente hay restricciones a la libertad, sino para hacer públicos miles de documentos secretos del gobierno de Estados Unidos originados durante la guerra en Afganistán y en Irak.

Esto generó como había de esperarse, una rápida respuesta por parte del gobierno de Barack Obama y de su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien alertó públicamente que este tipo de información colocaba en peligro a personas en labores de inteligencia en esos países. Por ello se asumió que el gobierno de Obama pediría la extradición de Julian Assam, pero no lo hizo, precisamente por el poder de la Primera Enmienda. Por otra parte, el gobierno sueco solicitaba a Assam para que respondiera en corte por denuncias de supuesto abuso sexual contra dos mujeres.

Cuando en 2012, el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, le otorgó el asilo en su embajada en Inglaterra al fundador de Wikileaks, expresó que lo hacia porque de ser extraditado “no tendría un juicio justo”. Y el gobierno de Correa fue mas allá en su hipocresía al decir que Ecuador justificaba su decisión porque Assam era victima de una persecusión política por su “defensa a la libertad de expresión”. Valga decir, que Correa rompió más de un periódico en actos públicos simplementeporque no le gustaba su titular.

Recuerdo, que durante la campaña electoral de 2016, es Wikileaks quien hace públicos los documentos del partido demócrata para dañar la candidatura de Hillary Clinton al punto que Donald Trump en varias oportunidades dijo “I love Wikileaks” y en efecto tenía razón de hacerlo, pues lo ayudó a ganar las elecciones.

En fin, el juicio a Wikileaks como organización en defensa de los derechos de quienes viven en regímenes totalitarios está muy cuestionado. Ahora se dice que el gobierno de Donald Trump pedirá su extradición. Veremos porque ha quedado claro que fue un gran aliado junto con Rusia para que ganara las elecciones.

Yo creeré en Wikileaks cuando haga públicos documentos secretos de los gobiernos represivos de Rusia, Irán, Cuba, China, Irak o Venezuela. Mientras tanto seguiré pensando que tienen una doble moral y que le han hecho mucho daño al mundo libre en nombre de la libertad de expresión.

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