Lima despide por todo lo alto los Juegos Panamericanos

La cita sirvió para hacer una radiografía a las nuevas disciplinas que se sumaron

Los Juegos Panamericanos Lima 2019 culminaron el domingo 11 de agosto con una constante: Estados Unidos campeón. El cuadro norteamericano se hizo con 293 medallas, 120 de oro, para mantener su dominio en la región y formando a su talento con cada vez mayor entusiasmo de cara a los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Más allá de la labor de una potencia de su talla, la cita también sirvió para hacer una radiografía a las nuevas disciplinas que se sumaron, así como el franco crecimiento de varios países que aspiran a dar batalla en futuras competencias.

Además, otras naciones con menor suerte apuntan a ver crecer sus delegaciones, mientras que otras intentan alejarse de una crisis que ha teñido de un color muy oscuro su evolución en el deporte.

Tras 19 jornadas, esto fue lo que dejó en el panorama mundial la celebración de una justa que ayuda a brindar boletos a los Juegos Olímpicos y consigo las opciones de seguir creciendo en el ciclo.

Dominio estadounidense

Son 18 ediciones de los Juegos Panamericanos y en la mayoría de ellas, la bandera de Estados Unidos se ve por encima del resto. El dominio norteamericano en la cita no es coincidencial, pues con cada evento de esta talla, la delegación estadounidense llega como la clara favorita para hacerse con el triunfo y en la Lima no hubo alteración en este patrón.

Las dos únicas ocasiones que otro país se consagró fue hace mucho, con Buenos Aires 1951 y La Habana 1991 como competencias que vio a los de casa coronarse.

Las 293 medallas, 120 de oro, que ahora presume el grupo norteamericano tras el evento, se convirtió en un impacto diametralmente opuesto al de diez naciones que se fueron de territorio peruano con la triste sensación que tener las manos vacías por no lograr subir al podio.

Belice, Bermudas, Dominica, Guyana, Haití, Islas Caimán, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, y Surinam quedaron en cero con el medallero final, delegaciones con pocos exponentes en la celebración de los juegos.

Sin embargo, una de las noticias más gratas la protagonizaron Aruba y las Islas Vírgenes Británicas, países que llegaron a Perú con el triste récord de no ostentar medallas en su historia, pero en Lima acabaron con la mala racha al sumar una cada grupo.

Brillo local

Todo anfitrión en citas de tal magnitud tiene una responsabilidad extra que se traduce en mayor presión o ímpetu al saberse apoyado por su público. En el caso de Perú, se cumplió esto último al ver al combinado de casa finalizar en la novena casilla, empatando su mejor marca histórica (Ciudad de México 1975).

Pero lo vivido en su país fue motivo de orgullo, con los mejores números alguna vez conocidos. En sus latitudes, la delegación materializó 39 podios, 11 de ellos en los más alto, demostrando que el sentimiento local puede ser un plus.

Crecimiento amazónico

Brasil no mejoró sus números respecto a su mejor actuación histórica. En Río 2007, los organizadores guardaron en su hogar 157 preseas, 52 de esas de oro; no obstante, el registro se vio casi desplazado por lo que esta nueva generación mostró en la capital del país inca, con 152 metales, 50 de ellos referente al primer lugar.

Con el cierre de la cita, Brasil sorprendió al quedarse con el segundo puesto de la general, igualando lo ocurrido en Sao Paulo 1963. El podio es ya costumbre en territorio amazónico, que finalizó tercero en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, convirtiéndose en uno de los favoritos en varias disciplinas para los Juegos Olímpico Tokio 2020.

Los nuevos acuerdos

El deporte se expande cada día más. Distintas disciplina llegan y se instalan en la retina del fanático, algunas de ellas con más tradición de la que se cree, para poner su nombre en la mesa con la intención de que se incluya en el programa de actividades. Así, en Lima 2019 se contó por primera vez con el fisicoculturismo, la pelota vasca y el surf como parte de las buenas nuevas en el panorama de la justa, abriendo aún más el abanico de opciones para representantes destacados en las mencionadas competencias.

Dos años atrás se esperaba que el skateboarding también dijera presente en la actividad; sin embargo, un cambio a último momento por parte de del comité ejecutivo de Panam Sports dinamitó las opciones de ver a la patineta rodar por las rampas peruanas, eliminándola de manera directa del calendario de acciones.

La crisis deportiva

Venezuela no escapa del problema. Sea cual fuera el rubro, el poderoso país petrolero es hoy un mar de dudas originado por desaciertos políticos; sin embargo, esa propia situación ha tenido incidencia en cada aspecto de su territorio, y el deporte no ha logrado salir de la ecuación, con atletas cuya falta de desarrollo y planificación en las distintas federaciones ha dejado como resultado actuaciones para el olvido, sobre todo en aquellos con el potencial suficiente para luchar por medallas en las citas de la región.

No obstante, en Lima se vivió con mayor profundidad una crisis histórica. Antes del inicio de la justa, desde el país suramericano se habló de superar lo logrado en Toronto 2015. Para aquella ocasión, la cita vio a los venezolanos acumular 50 preseas, 10 de ellas doradas. Para los gerentes del ciclo olímpico, la meta era llegar a 60. Pero nada cercano a lo que se aspiró, pues al cierre del evento Venezuela regresó a casa con 43 metales, nueve áureos, despidiéndose de Perú en la casilla 12, pero actuación en más de 40 años.

La oscuridad del deporte venezolano encuentra su mayor caos en la grieta entre el ministerio de Deportes del gobierno de Nicolás Maduro y los atletas, pues muchos de estos denuncian la falta de apoyo, sobre todo económico, para competir. Uno de los peores episodios, incluso de todos los juegos, los vivió Paola Pérez, representante en la disciplina de aguas abiertas, y quien sufriera de hipotermia por no contar con la equipación adecuada para sumergirse en las frías aguas de la laguna Bujama, cuya temperatura de 18 grados hizo mella en la criolla.

Su caso no fue el único: Rubén Limardo, oro olímpico en la esgrima de Londres 2012, subió a lo más alto del podio en la capital peruana no sin antes quejarse por la falta de recursos desde el lado gubernamental, responsable de mantener al día los pagos de los viajes, uniformes, y demás puntos en la evolución del atleta. Al tratarse de uno de los exponentes deportivos más destacados de su país, su voz hizo eco en toda la región, lo que llevó incluso a que el ministro Pedro Infante volara la última semana de la justa a Perú a atender personalmente a los más afectados.

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