Nick Kyrgios pierde el brillo en medio de ofensas

Ya son 24 años de edad para él y se le vincula más con polémica que con éxito

Cada generación tiene en cada deporte a sus referentes marcados. En el tenis, por ejemplo, los fanáticos pueden ver en esta, dentro de la subjetividad del tema, a la clase más prolífica de su historia. Por un lado, el suizo Roger Federer brilla en el juicio de muchos como el tenista más grande de todos los tiempos, un debate donde dos hombres de su época, como el español Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic, también tienen argumentos.

Entre las damas, la situación se concentra en una sola pieza: Serena Williams. La estadounidense está a solo un título de igualar a Margaret Court como la mayor ganadora de trofeos de Grand Slam, lo que redondearía una carrera magnífica y que, aún sin ese hito a su favor, la pone en la boca de muchos como la raqueta femenina más dominante que se haya visto alguna vez dentro del deporte blanco.

Pero la conversación sobre las épocas también pone sobre la mesa los nombres de promesas que no fueron, muchos de ellos llamados a ser las cabezas de la generación de relevo, pero cuyos nombres se disipan poco a poco entre derrotas y despedidas prematuras en los principales torneos de la disciplina. A estos se suman los casos de exponentes con calidad, pero cuyo temperamento los alejan del sueño de ser los mejores de su grupo.

En este último tramo se asoma Nick Kyrgios, otrora promesa del tenis australiano y hoy estrella que poco a poco se apaga.

El nuevo niño malo

Hay incontables referencias de tenistas cuya conducta era todo menos ejemplar; sin embargo, hay par de casos en la rama masculina que hace pensar rápidamente en la situación de Kyrgios: John McEnroe y Jimmy Conors. Ambos estadounidenses, no solo fueron conocidos por sus gritos, quejas y sanciones en su contra, también fueron los tipos que eran obstáculos muy difíciles de superar entre las décadas de 1970, 1980 y el inicio de 1990.

El primer mencionado es considerado uno de los zurdos con mayor talento en el tenis, una situación directamente proporcional a su carácter. Así como es fácil traer a la mesa las batallas en Wimbledon con el sueco Bjorn Borg, también es fácil mencionar su actitud desagradable en la pista.

En el caso de Connors, también cuenta con episodios lamentables a lo largo de su exitosa carrera.

Ambos fueron número uno de la ATP y múltiples ganadores de Major (McEnroe 7, Connors 8).

No obstante, el hecho de que Kyrgios vaya por el mismo camino se traduzco como una eventual redención y posterior obtención de trofeos importantes. Vale la pena recordar los nombres de los tenistas que hoy en día comandan el circuito, leyendas vivientes, pesos pesados que han arrollado en varias oportunidades al australiano, quien también se ha visto victorioso antes estos. Pero el respeto, más complicado de ganar que un torneo, no está de su lado.

A Kyrgios poco o nada le importa. Sobre Nadal y Djokovic no ha sido caballeroso, caso contrario al de Federer, a quien considera el mejor tenista jamás visto.

No hay ejemplo positivo

A McEnroe y Connors no les abrieron las puertas por sus gritos. Si bien hubo un momento en el cual llegó a verse incluso con gracia sus desperfectos, lo cierto es que se trató de una actitud que hoy en día causaría mucha crítica por el impacto global del deporte blanco. Pero sus logros son inalterables, algo que los pone muy lejos, y en el mejor plan posible, del joven australiano, quien recientemente recibió una multa de $113.000 por romper dos raquetas, escupir en la cancha, no saludar al árbitro y otra serie de conductas antideportivas en un mismo encuentro del Masters 1.000 de Cincinnati, donde cayó frente al ruso Karen Khachanov.

Ya son 24 años de edad para él y se le vincula más con polémica que con éxito. Ese no es el plan de ningún tenista, ni siquiera de uno como él con el talento que presenta cada vez que está en juego.

No hay atleta que sea impermeable a la molestia, pero la altura de su leyenda se alimenta por cómo supera esos propios obstáculos. Ese es el reto del oceánico, uno que llegó a ser la punta de lanza de una generación talentosa en la mejor escuela de tenis del mundo, pero a la que los elogios no le hicieron bien, como tampoco la atención.

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