Latin American Youth Center: sinónimo de esperanza juvenil

El centro entregó reconocimientos a quienes trabajan por la juventud del área de DC

Desde hace medio siglo, por el Latin American Youth Center (LAYC) han transitado más de 50 mil vidas del área metropolitana de Washington, DC que estaban en una encrucijada. En ese centro unos siguen descubriendo su vocación de servicio y otros encontrando las razones para continuar adelante.

Casi no hay inmigrante del área metropolitana que no haya sido voluntario o se haya beneficiado de las clases de inglés, programas de GED, aplicaciones para las universidades, entrenamiento laboral, búsqueda de empleo, casa segura para los jóvenes en riesgo o refuerzo académico. También una vez al año para los niños hay mochilas cada comienzo del año escolar y un plato caliente lleno de delicias en el Día de Acción de Gracias.

Para visibilizar ese impacto positivo, LAYC realizó su noveno reconocimiento a quienes creen y trabajan por los jóvenes latinos y afroamericanos. Los agasajados fueron Karla Silvestre, directora general de la Junta de Educación del condado de Montgomery y la única latina en este directorio; el concejal de Montgomery, Craig Rice; y Jeannie Engel, fundadora de Neighbors Rising. Los tres comparten la misma virtud: la capacidad de inspirar y de creer en la juventud.

“No sabía que tenía potencial de labrar mi propio destino antes de llegar al LAYC en Maryland. No tenía ni confianza ni motivación. LAYC y Craig Rice me ayudaron a encontrar la seguridad y el coraje de llegar donde ahora estoy”, dijo Christian McClreary, quien ahora es asistente de programas de alfabetización en Minnesota. Otro joven que en este centro descubrió su vocación fue Alex Palacios, hoy un experto en siembra y cuidado de árboles de Casey Trees, en DC.

El buen trabajo del LAYC es muy conocido para varias generaciones de adolescentes.

De hecho, la madre de Palacios, Edith, desde sus tiempos de colegiala sabía que varios de sus compañeros acudían a la casona de Columbia Heights en busca de refuerzo académico. Por eso cuando su hijo andaba “medio perdido”, ella fue en busca de ayuda. “Era coordinadora de víctimas para la Fiscalía de Prince George’s y encontré que LAYC también estaba aquí, pregunté si podían ayudarlo. Allí le dieron la oportunidad de trabajar y obtener su GED. Fue lo mejor, porque recibió el empuje que le hacía falta. Estoy muy contenta y agradecida”, dijo durante una conversación telefónica con El Tiempo Latino.

Alex se ganó los más emotivos aplausos del público en la mañana del “Desayuno para los Héroes de LAYC”, del 5 de febrero. Él reconoció que durante su adolescencia estaba perdiendo su norte.

“Mi madre me trajo hasta el centro. Aquí me abrieron los ojos hacia la importancia de los estudios, la conservación y sus principios. Me demostraron que puedo ser útil a la comunidad.

Como dice mi jefe en Casey Trees: ‘no somos modelos ejemplares, somos modelos reales’”, expresó.

Al final de la ceremonia, Palacios comentó a este medio que su respeto y reverencia por la naturaleza le harán posible obtener un certificado de arborista, “que es algo así como doctor en árboles”.

Y ese logro no será “solo por los árboles sino también porque me gusta trabajar con la comunidad de DC, que tiene verdadera pasión por las plantas”.

Impactando miles de vidas en el DMV

Para Lupi Quinteros-Grady, presidenta y directora del Latin American Youth Center, en esta misión “no estamos solos, nos sostenemos en la comunidad. En la práctica hemos impactado en la vida de más 53 mil jóvenes, para quienes hemos creado un espacio donde no son juzgados y donde florecen sus potencialidades y fortalezas”.

La gran columna en la que descansa el éxito de este centro sin fines de lucro es la educación, sea académica, laboral, en salud o en relaciones familiares, porque como dijo Rice, “podemos hacer más por la educación si fortalecemos y damos confianza a instituciones como LAYC. Si apoyamos a los jóvenes con los sueños que más desean, lo lograrán”.

Una de esas jóvenes a las que el Latin American Youth Center les abrió los brazos fue Silvestre. Cuando tenía 8 años, junto a sus padres llegó a Estados Unidos desde Guatemala huyendo de la violencia, así como lo hacen las familias que buscan seguridad migrando a la nación más poderosa del mundo. “Cuando ellos lograron el asilo, tuve la oportunidad de ir a la universidad.

No soy excepcional, soy solo un ejemplo de que cuando le dan apoyo y soporte los jóvenes pueden prosperar.

Ese es el gran éxito de esta organización”, concluye Silvestre.

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