El teatro, la vía de escape para jóvenes latinos

Paso Nuevo logra que den rienda suelta a su creatividad y cuenten sus historias

Este es Miguel y este es un retacito de su vida: “Cruzamos ocho en una balsa hecha de llantas de tractor con madera. Cuando íbamos en la balsa cruzando el río, mi sobrina con su inocencia comenzó a cantar ‘¿estrellita dónde estás?’… Tomamos la ruta del infierno. La llaman eso por ser la más larga y calurosa… Yo sentía adrenalina, miedo y calor y me subí al tren, a La Bestia”.

Miguel Zúñiga no había alcanzado los 16 años cuando llegó a Washington DC. Prefería el silencio a las palabras hasta que llegó al grupo de teatro Paso Nuevo. Una vez allí, a su viaje de tres semanas, por lagos, ríos montañas y desiertos, con detención en la frontera incluida, sus amigos lo convirtieron en una obra de teatro.

Si de este programa de teatro experimental sale algún día un actor, un guionista o sonidista, se darán por satisfechos, pero ese no es el objetivo. De lo que se trata es de juntar a los jóvenes latinos después del colegio para ayudarlos a romper el cascarón de la timidez, la vergüenza o la soledad. Que descubran que hay espacios donde sentirse bien y crecer.

“Nuestra idea es guiarlos en su nueva vida, a través del teatro. Que entiendan que la colaboración, el compromiso, la libertad de crear y pensar que les ofrece esta expresión artística pueden aplicarlas en otros aspectos de su vida”, dice la directora de Paso Nuevo, Guadalupe Campos.

Hasta antes de la pandemia, entre 45 y 50 chicos y chicas se reunían en el Teatro GALA para hacer de actores, decoradores, músicos y creadores de sus propias obras, que las presentaban al final del semestre. Pocas veces piden prestado sus argumentos a la imaginación, sus guiones son sus propias vidas de adolescentes inmigrantes, muchos recién llegados y marcados por el sufrimiento y las privaciones.

A mediados de marzo, la emergencia sanitaria les robó la alegría de reunirse cada tarde de lunes a jueves. Paso Nuevo emigró a internet y Zoom se transformó en su escenario. Unos 20 chicos no quisieron bajar el telón por culpa de un virus y siguen contando sus historias. Dieron vida a un podcast, la primera temporada ya está disponible. Para escucharlos vaya a google y escriba Creatividad Latinx, para tener acceso a todos los episodios.

“Que no cuenten otros nuestra historia”

“En la escuela pusieron un recuerdo con una foto y una vela. La gran Esperanza la vida se quitó. Cinco minutos de silencio le hicieron en su honor”, Diana Méndez, de 16 años, cuando llenó su página en blanco con estas frases estaba aliviando el dolor por la pérdida de su mejor amiga en El Salvador. En Paso Nuevo se hizo obra de teatro.

Según Campos, “es importante contar nuestras historias, de lo contrario las contarán otros y con una dosis de prejuicio, pintándonos como ‘mareros’, narcotraficantes y vagos”. Tomar las riendas de sus vidas, es un insistente mensaje que a través del teatro se quiere infundirles. Las experiencias abundan de cómo en Paso Nuevo descubrieron sus fortalezas.

Jennifer López allí encontró la vía de escape a su depresión. “No pensé que me gustaría, Guadalupe me ayudó a expresarme en público, supe que podía dar más y comencé a hacer monólogos”.

De ese proceso nació “Otra batalla aprendida”, la historia de cómo hace siete años sufrió la deportación de su papá; años después el infarto cerebral de su mamá, el trabajo, la cocina, la limpieza, los cuidados de su madre y los estudios la obligaron a madurar a zancadas.

“Prometí que intentaré por lo menos aprender a estar en batalla sin importar ser mujer”, dice en una de las estrofas de su monólogo. “Comencé a comprender que otra batalla no es un por qué, sino un para qué. Puedo cruzar un mar enorme en donde habrá obstáculos…”, y en ese viaje de atajaderos sigue. Un tramo ya lo ganó: obtuvo una beca para el college, pero no será doctora como soñaba, será enfermera. El día en que su madre mejore del derrame y regrese a Guatemala, buscará una familia de acogida, a fin de no rendirse.

De su experiencia en Paso Nuevo, López entendió que “el teatro no es un juego, es algo para aprender a valorar y respetar, porque te enseña a expresarte con libertad”. Para ella estos han sido tiempos difíciles, sin dinero y sin trabajo. “Cuesta conseguir para la renta y para comida hacemos la fila”.

Un alivio al coronavirus

Paso Nuevo es un programa gratuito, creado por Quique Avilés. “La mayoría llega porque un amigo les habló de nosotros. Lo interesante es que los latinos somos super artísticos, consumimos arte a través de películas, telenovelas, música, maquillaje y vestuario”, asegura Campos.

Muchos perdieron su niñez antes de tiempo, sin cumplir los 15 años ya trabajan de niñeras o lavaplatos, por eso “esas dos horas, son muy importantes para su desarrollo”, asegura Campos. Méndez coincide en eso: “Fue una experiencia hermosa, cuando entraba me olvidaba de los problemas y me enfocaba en la actuación, descubrí que me encanta escribir poemas”. En tiempos de pandemia están agradecidos porque el teatro les alivia el estrés mental.

Campos cuenta que “no les ha alcanzado la gravedad de la enfermedad, pero les alcanzó la gravedad económica. Sus padres perdieron el trabajo o les redujeron las horas. Tienen miedo al contagio y no tienen seguro médico”.

A Miguel Zúñiga del teatro le gusta la colaboración. Su travesía a lomo de hierro del tren La Bestia, acompañado de su madre, hermana y sobrina, se escenificó en las tablas. A su obra la llamó “Un Viaje” y entre todos simularon el ferrocarril. El año pasado fue el Romeo de Julieta y acaba de participar en “El violinista maldito” y todo por teléfono, porque no tiene computadora.

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